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Cómo limpiar los bornes de la batería y evitar que se sulfaten

Cómo limpiar los bornes de la batería y evitar que se sulfaten

Esa costra blanca, azulada o verdosa que aparece alrededor de los bornes no es suciedad corriente: es el aviso de que algo no va fino en el contacto entre el cable y el polo. Cuando crece lo bastante, el coche arranca con pereza, la radio se reinicia al parar o directamente aparece el típico «chk-chk» del motor de arranque sin fuerza. Y lo curioso es que la batería puede estar sana: el problema está en el borne, no dentro.

Vale la pena entender qué pasa ahí fuera antes de meter mano con un cepillo, porque limpiarlo sin corregir la causa es trabajo que hay que repetir cada pocos meses.

Por qué se forma esa costra

Dentro de la batería hay ácido sulfúrico diluido en agua y, en los modelos con tapones, también vapores que escapan muy despacio por los respiraderos. Esos vapores suben, tocan el metal del borne y el del terminal del cable (plomo por un lado, cobre o latón por otro) y reaccionan. El resultado es sulfato: una sal que se agarra al metal y que, además de fea, conduce la electricidad bastante peor que un contacto limpio.

Hay un detalle que explica muchos casos. Si el terminal está flojo, hace microchispas al pasar corriente de arranque y calienta la zona; con calor, la reacción se dispara. Lo mismo pasa cuando el borne no está bien engrasado: queda metal al aire, en contacto directo con el ambiente de debajo del capó, que es húmedo y caliente a ratos. La costra puede salir en cualquiera de los dos bornes de la batería.

Si la costra aparece una y otra vez en el mismo borne y en poco tiempo, el aviso ya no es de limpieza: suele significar que la batería está sobrecargando, que tiene una celda tocada o que pierde electrolito por la tapa. En ese punto conviene medirla o cambiarla antes que seguir cepillando. En la página sobre por qué la batería muere en invierno se explica cómo distinguir una batería cansada de una que solo necesita un repaso.

Qué necesitas tener a mano

No hace falta nada raro. Lo típico es:

  • Una llave fija o de vaso del tamaño de las tuercas del terminal (en coche, lo habitual es 10 mm).
  • Un cepillo de púas metálicas; los hay con forma de cono para meter dentro del terminal y otro cilíndrico para repasar el borne.
  • Guantes de nitrilo y gafas: el sulfato pica si lo tocas con la piel sudada y, si saltan motas al cepillar, mejor que no vayan al ojo.
  • Agua tibia con una cucharada de bicarbonato disuelta, o un desulfatador en espray de los que venden para esto.
  • Un trapo que no deje pelusa y papel de cocina.
  • Grasa específica para bornes (vaselina neutra o grasa dieléctrica). La grasa normal de rodamientos no sirve igual porque no está pensada para esa temperatura ni para ese contacto.

Antes de empezar, el coche frío y con el contacto quitado. Si lleva sistema start-stop, electrónica delicada o configuraciones que se pierden al cortar la corriente, mira primero el manual: hay coches que piden un procedimiento concreto para desconectar la batería sin que el sistema se enfade. El paso a paso general lo tienes en la guía de cómo desconectar la batería en casa.

El orden importa: negativo primero

Para quitar los terminales, siempre el negativo antes que el positivo. ¿Por qué? El chasis del coche está unido al negativo. Si al aflojar el positivo con una llave te rozas con cualquier parte metálica, cierras el circuito y saltan chispas. Si has quitado antes el negativo, ese camino ya no existe. Al montarlo luego se hace al revés: primero el positivo, el negativo al final. El criterio vale igual en instalaciones de 12 V o 24 V, aunque cambien el tamaño del borne y el apriete.

Cuando los terminales están fuera, se ve mejor el estado del borne. Si tiene costra dura, un chorrito de la mezcla de agua con bicarbonato la ataca: el bicarbonato neutraliza el ácido y la sal se deshace sola, haciendo espuma. Aplícala solo sobre el borne, cuidando de que la mezcla no entre por los tapones ni por los respiraderos de la batería. Deja un minuto, pasa el cepillo con movimientos cortos para no dispersar restos por todo el vano, aclara con un poco de agua limpia y seca a fondo con el trapo y el papel.

El terminal del cable se limpia por dentro con el cepillo cónico hasta ver el metal brillante. Ese brillo es la señal de que el contacto va a ser bueno. Si el terminal está mordido, deformado o abierto de tanto apretarlo, cámbialo: por mucho que lo cepilles, no va a cerrar como debería.

Cómo evitar que vuelva

Aquí es donde se gana la partida. Antes de poner otra vez los terminales, da una capa fina de grasa específica al borne y a la parte interior del terminal. La grasa no conduce la electricidad: el contacto lo hace la presión del metal apretado con la tuerca; la grasa se queda rellenando los huecos microscópicos para que el aire y la humedad no toquen el metal. Si la pones a brochazos y el terminal queda flotando en grasa, haces lo contrario de lo que buscas.

Apriétalo firme pero sin forzar. Un terminal demasiado apretado deforma el plomo del borne y, con el tiempo, afloja igual. Un terminal flojo chispea en cada arranque. El punto bueno es el que no se mueve con la mano cuando intentas girarlo.

Hay unas arandelas de fieltro impregnadas en producto antiácido que se ponen entre el borne y el terminal. Para coches que sulfatan mucho ayudan: absorben los vapores que suben por la base del polo. No arreglan una batería defectuosa, pero sí alargan la limpieza siguiente. En motos que han pasado el invierno paradas conviene revisar los bornes antes del primer arranque de la temporada.

Otras cosas que se notan a medio plazo:

  • Mantener la batería sujeta de verdad. Si vibra, los bornes trabajan y acaban cediendo.
  • Vigilar la carga. Una batería a la que nunca le llega a entrar corriente del todo se gasta por dentro y se mancha por fuera. Un mantenedor de los que puedes ver en la sección de cargadores de batería hace esa parte en coches de uso corto o que pasan temporadas parados.
  • Si el coche lleva start-stop, confirma que la batería es del tipo que le corresponde. En la nota sobre AGM, EFB o plomo-ácido se cuenta por qué montar una batería que no toca termina en sobrecargas y, de propina, en bornes sulfatados.
  • Si el coche es eléctrico, el borne de 12 V también se sulfata, pero el cable gordo de carga es harina de otro costal: en la guía de modo 2 o modo 3 se explica cuál pide cada coche.
  • Si vas a renovar la batería y no tienes claras las medidas, los amperios o el tipo de bornes, échale un vistazo a cómo identificar la que lleva tu coche: montar una que no encaja en la bandeja o cuyos bornes quedan al revés obliga a tirar de los cables, y eso también acaba pasando factura al contacto.

Cuándo lo que ves ya no es solo suciedad

Hay señales que piden algo más que un cepillo. Si el borne está hundido, si el plástico de la tapa aparece abombado o si notas olor fuerte a huevo podrido al abrir el capó, no sigas limpiando: ese olor viene del azufre y suele indicar que la batería está perdiendo electrolito o cargando mal. Un líquido aceitoso resbalando por el lateral tampoco es normal. En esos casos, lo que toca es revisar la batería entera, no el borne. Para leer bien lo que marca el multímetro frente a lo que pone la etiqueta, viene al pelo la nota sobre qué significan CCA, Ah y RC.

Y si la costra te la encuentras después de un arranque con pinzas o con un ayudante externo, repasa que todo quedó bien apretado: tras un apuro así es cuando más terminales flojos se ven. Si usas uno de estos equipos a menudo porque el coche duerme a la intemperie, hay modelos pensados para esto en la sección de arrancadores de batería, con pinzas que no muerden el plomo del borne cada vez que las enganchas.

Limpiar los bornes es un trabajo de diez minutos cuando se hace a tiempo. Dejarlo correr es cómo acabas en el parking un lunes por la mañana escuchando ese chasquido que ya conoces. Si el coche pasa muchos días seguidos sin moverse, conviene tener clara la diferencia entre un cargador y un mantenedor para elegir el aparato que de verdad hace falta.

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